Friday, May 27, 2016

EL FINAL DE UNA ERA DE ENGAÑOS.....

(Ver ultimo parrafo)

El secretario de Justicia ha militado de alma y corazón en el PPD por 48 años

Por Benjamín Torres Gotay
Viernes, 27 de mayo de 2016 - El Nuevo Dia
César Miranda creció como independentista. Pero en el 1968, de la mano del proyecto de país que construía el entonces gobernador Roberto Sánchez Vilella, que le ilusionaba, se unió al Partido Popular Democrático (PPD), al que desde entonces ha dedicado alma, vida y corazón.
César Miranda hoy ve con tristeza el 
final del proyecto al que tanto esfuerzo
 le dedicó:el ELA. (Jorge Ramírez Portela
Hoy, 48 años después de aquel momento, es el secretario de Justicia del Estado Libre Asociado (ELA), puesto desde el que le ha tocado mirar, con cierta impotencia, el derrumbe del proyecto que tanto le ilusionó y al que tanto le ha dedicado.

La inminente aprobación por parte del Congreso de Estados Unidos de una Junta de Control Fiscal que derriba cualquier ilusión de gobierno propio que hubiera aquí, más las posturas del Ejecutivo estadounidense de que aquí nunca hubo autodeterminación, le han dejado la amarga certeza de que el ELA se acabó y que a los puertorriqueños nos tocará dentro de poco tomar “la decisión final”.

Eso no lo dice cualquiera. Lo dice el secretario de Justicia, tercero en la sucesión para la gobernación, el “abogado del pueblo” al que le hubiera tocado defender al ELA de los planes del Congreso, con los mismos argumentos, si llegara el momento, que planteó en el caso Sánchez Valle: que en el 1952 Estados Unidos y Puerto Rico alcanzaron un acuerdo que está siendo violentado con la creación de un organismo cuyas facultades superan las del gobierno local. 

En una mañana reciente, Miranda se sentó con El Nuevo Día y, en su usual tono pausado, pero con suma candidez, habló con franqueza del futuro del ELA, del PPD y de Puerto Rico, así como de la poca estima en la que el país tiene en este momento a su atribulado sistema de justicia.

El Congreso está en vías de aprobar el proyecto que incluye la Junta de Control Fiscal y básicamente suspende el ordenamiento democrático en Puerto Rico. ¿Cuál es su opinión al respecto?
La propuesta de la junta va en contra de nuestra posición en Sánchez Valle, que era sostener el estado de derecho conforme se había expuesto, según nuestro entender, en los acuerdos de 1952-53. En el Supremo lo que hemos dicho es que se estableció un estado de derecho con relación a la relación jurídico-política de Puerto Rico y Estados Unidos en 1952-53 y eso fue lo que sostuvimos allí. Esa relación estaría siendo alterada por la aprobación de esta ley PROMESA. Si nosotros en Puerto Rico aceptamos esta junta, es una admisión nuestra de que carecemos de la capacidad para nosotros resolver nuestros problemas. Por tanto, yo entiendo que tiene que haber un sentido de gran frustración con nosotros, más que con nadie. Esto despoja al país de lo que fue la creencia de lo que era política y jurídicamente.

¿El gobernador Alejandro García Padilla no le pidió que estudie vías legales para evitar esto?
El gobernador en varias ocasiones sí me ha solicitado que estudie alternativas legales. En un momento dado me habló de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Pero verdaderamente no que hayamos acordado una gestión específica, porque, también hay que decirlo, ha habido una gran ambivalencia en el Congreso en términos de qué aprueban.

Pero hace ya unos cuantos meses que la ruta de la Junta de Control Fiscal se veía bastante clara. ¿No habría sido mejor prepararse?

Creo que si tomamos en cuenta todo el trabajo que hicimos para el caso Sánchez Valle, creo que estaríamos preparados para llevar una acción fuerte en la ONU. Nosotros ahí hicimos un trabajo muy profundo sobre lo que ocurrió entre los años 1950 y 1953 y yo hoy no tengo duda de que Estados Unidos hizo unas representaciones muy serias sobre el status.

Todos sabemos que hizo la representación de que en Puerto Rico se había alcanzado gobierno propio. Cuando usted dice que fueron representaciones serias, ¿quiere decir que usted las creyó?

Le hizo unas representaciones al mundo para que el mundo las creyera, no era para que yo las creyera y de esa manera liberarse de informar de Puerto Rico como colonia. Hoy todos los indicios son que falseó entonces ante la ONU y ante el mundo en general con aquellas representaciones. Todo eso nos indica que o mentiste ayer o estás mintiendo hoy.

¿Cuál usted cree que es la verdad, la de antes o la de ahora?
Fíjate, yo creo que todos vivimos en un momento dado la ilusión de que Puerto Rico tenía la posibilidad de tener plena soberanía. Soberanía aunque fuera al nivel del tipo de soberanía que tienen los estados. Estoy convencido de que no tenemos ese nivel de soberanía.

¿Hacia dónde debe evolucionar esto, ya que perdimos la ilusión de que teníamos gobierno propio?
Creo que nosotros como pueblo tenemos que llegar a una determinación categórica sobre la relación que queremos mantener con Estados Unidos. La situación real que nosotros tenemos es que el pueblo puertorriqueño se ha manifestado continuamente a favor de una relación permanente con Estados Unidos.

¿Se puede dar esa relación permanente en términos de la ampliación de los poderes del Estado Libre Asociado? 
Esa ha sido la teoría que por tiempo inmemorial se ha expuesto. Yo creo que estamos al borde de la definición final sobre si en verdad eso es viable o si nos tenemos que atener a las únicas dos consecuencias: la soberanía plena o de la unión con Estados Unidos por vía de la estadidad.

¿Usted en este momento apostaría a un desarrollo del ELA como parte del sistema constitucional de Estados Unidos y con soberanía?
Lo veo poco viable, tengo que ser cándido. 

O sea, ¿usted piensa que el ELA como lo conocemos murió?
A base de los últimos eventos, pues creo que sus posibilidades de sobrevivir son muy pocas. Pero eso no quiere decir que no pueda entrarse en algún tipo de negociación como ha ocurrido con otros territorios, que nos den el nivel de soberanía que requiere un gobierno de dignidad.

¿Cuál es ese otro territorio en el que usted piensa?
El problema que nosotros tenemos en Puerto Rico es el apego inmenso a la ciudadanía americana. Eso se convierte en un impedimento para lograr algunos entendidos, viendo los acuerdos con otros lugares como el de American Samoa. Sus ciudadanos tienen libre acceso a Estados Unidos, pero no son ciudadanos. Nosotros tenemos que repensar nuestras actitudes frente a la nueva realidad. 

Hay un sector del PPD que postula el ELA soberano, que es básicamente una libre asociación, una independencia asociada. Pero quieren la ciudadanía americana.

¿A usted le parece que es viable que las personas de lo que sería un país extranjero mantengan la ciudadanía americana de nacimiento?
La opinión mía muy personal es que como ciudadano americano yo tendría a mi alcance alternativas para lograr que mis hijos advengan ciudadanos americanos si eso es lo que yo intereso. Un ciudadano americano que vive en España va al consulado de la ciudad donde sea e inscribe a su hijo y es ciudadano americano. 

Usted fue independentista en su temprana juventud, pero ha sido popular desde 1968. ¿No siente alguna desilusión por la manera en que está terminado el ELA?
Siento que sencillamente nos ha pasado el tiempo de cambio por el lado y no le hemos hecho caso. A mí me causa angustia ver el estado en que está un instrumento de cambio social como ha sido el PPD, que fue un gran instrumento de cambio social, que tuvo como su agenda la atención de la pobreza en el país. Creo que la pérdida de esas aspiraciones son frustrantes. 

Fíjese, que yo le pregunto por el ELA y usted me contesta por el PPD. ¿Son una misma cosa para usted? Al morir el ELA, o matarlo Estados Unidos, como lo querramos ver, ¿está el PPD también en una situación complicada?
El PPD se tiene que repensar a sí mismo. Se tiene que adaptar a la nueva sociedad puertorriqueña, que es muy compleja. Creo que ese norte se ha perdido y no puedo decir que el PPD no tenga la alternativa de retomarlo. Lo podría retomar. Requiere de un liderato que entienda que hay decisiones duras que tomar, difíciles, y que esas decisiones conllevan la pérdida de apoyo en unos sectores y la ganancia de apoyo en otros sectores.