Sunday, August 2, 2015

TRUMP ES "RICH" PERO SIGUE RECIBIENDO MUCHOS $$ AUNQUE LA ISLA Y SU NEGOCIO ESTEN EN QUIEBRA


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DONALD TRUMP
ANTES QUE LLEGUE EL LUNES
CHIVOS
por Mayra Montero
2 agosto, 2015

.....  Y ahora, a lo nuestro. El caso de la quiebra de Coco Beach, cuyos propietarios han dejado enganchado al Banco Gubernamental de Fomento (BGF) con una deuda de decenas de millones de dólares, es apenas la punta del iceberg de un saqueo pertinaz, cuyos perpetradores andan paseándose impunemente por ahí.

El Fondo para el Desarrollo del Turismo, que es una de las divisiones del banco, no solo está respondiendo por los millones que en su momento recibieron las Empresas Díaz, dueñas de Coco Beach y beneficiarias de sendas emisiones de bonos que se hicieron en 2000 y en 2004. También está cubriendo los agujeros que han dejado otros proyectos como el Hotel Sheraton, el Embassy Dorado y el muy noble Palmas Athletic Club.

Todos ellos incumplieron con el pago de sus obligaciones, las mismas que, al estar garantizadas por el ente público, han tenido que ser cubiertas con fondos que deberíamos estar invirtiendo en otra cosa: en incentivos a los pequeños negocios, en hospitales, en la modernización de las oficinas del Gobierno.

Hoy, cuando se habla del virtual desplome de las finanzas del País, se calla respecto a este fenómeno en cadena, que quién sabe si fue planificado.

El Departamento de Justicia debería pedirle al BGF una relación pormenorizada del dinero que ha estado pagando a cuenta de los “tumbes” que le han dado, y que son del conocimiento de los presidentes sucesivos de esa entidad, sobre todo aquéllos que permitieron que se garantizaran emisiones de bonos o préstamos. La magnitud de la corrupción, con todo ese dinero corriendo a lo loco, debe ser de infarto.

El pasado 23 de julio, The Washington Post contaba a sus lectores la cosa de Coco Beach y Donald Trump, explicando que la bancarrota del proyecto amenazaba con costarle caro a los puertorriqueños, ya que “fue financiado con millones enbonos garantizados por el Gobierno”. Más adelante, el periódico puntualizaba que la construcción de Coco Beach, que abrió sus puertas en 2004, fue costeada, en parte, por una emisión de bonos por valor de $26.4 millones, “vendida, entre otros, al fondo de retiro de los maestros de la Isla”.



En otras palabras, los maestros han terminado pagando por un lujosísimo campo de golf y toda su parafernalia, donde nunca ninguno de ellos ha puesto ni va a poner un pie. Es más, habría que reivindicar ese campo de golf, y uno aparecerse allí y hacer un picnic.

El papel de Trump en el invento se limita a poner su nombre a las casitas y cobrar por eso. The Washington Post cuenta que Trump y los dueños de Coco Beach llegaron a un acuerdo para que el primero recibiera unos ingresos fijos anuales, le fuera bien o mal al negocio, eso a él qué le importa.

De acuerdo con The Washington Post, los dueños del tinglado y todavía asociados al fino magnate, “están esperanzados en que Trump pueda ser de nuevo el salvador, y comprar la propiedad al contado”.


Quisiera yo tener ese optimismo. Pero si va a venir a comprarlo por un par de millones, cuando ya los puertorriqueños se han dejado el hígado para poder pagarlo, mal negocio me parece.

Lo construyen, lo quiebran, sale el Gobierno y da la cara, pagándolo por completo, y luego vienen los mismos y… ¿lo vuelven a comprar por una fracción de su precio?

En el BGF debieron pensar que algo así podía ocurrir. Es como si un padre de familia les da su firma a cien amigos para que cada uno saque un carro, y al cabo de tres meses, los cien amigos dejan de pagar. No hay cuerpo que lo resista.

Luego hablan de “la liquidez” del BGF, ¿qué liquidez puede tener el bobo del pueblo? Aunque lo más probable es que los que aprobaron esas garantías no tuvieran ni un pelo de tontos, y se beneficiaran a manos llenas.

Por eso alguien tiene que meterse ahí -escarbar, averiguar y ver-, que lo que va a encontrar es “la fiesta del chivo”. Con varios chivos, no con uno solo.

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