Monday, May 23, 2011

CARTA ABIERTA de GEIGEL POLANCO A LOS POPULARES

(Gracias a Wilo Ramos)
MJ

“EL MUNDO”
2 DE JUNIO DE 1951.
CARTA ABIERTA A LOS POPULARES
Por VICENTE GÉIGEL POLANCO

Hoy me dirijo a los Populares, especialmente a los buenos correligionarios de campos y pueblos —gente sencilla y humilde— que durante estos últimos diez años han venido alentando la esperanza de un alivio en su situación de extrema pobreza y deseando un Puerto Rico mejor para sus hijos.

En verdad, son difíciles los problemas de Puerto Rico. Levantar los niveles de vida y de trabajo y conseguirle más justicia y más derechos a nuestro pueblo es tarea cuesta arriba. Hemos dado algunos pasos de avance no todos los que reclama la aflictiva situación de nuestras clases pobres, pero sí algunos significativos para aliviar el sufrimiento de parte de nuestra población. En el campo de los derechos de Puerto Rico, también hemos dado un paso de avance con la autorización para elegir el Gobernador y que éste nombre todos los miembros de la rama ejecutiva del gobierno.

Así como en el campo de los servicios públicos, de las condiciones de vida, de los salarios, de las oportunidades de trabajo, falta mucho, pero mucho por hacer, para que haya una mejora efectiva y sustancial que alcance a la mayoría de ustedes, también en el campo de los derechos y la justicia para Puerto Rico como pueblo, como comunidad, falta mucho, pero mucho, por hacer.

A los Populares siempre nos ha preocupado la solución del problema político de Puerto Rico, por la sencilla razón de que creemos en la libertad y no queremos que nuestra Isla sea inferior, en condición política, a ningún otro pueblo del mundo. Cuando hicimos el Partido Popular Democrático y fuimos a las elecciones de 1940, a fin de no dividirnos nosotros mismos por diferencias de criterio en cuanto al status político, dijimos en el programa del Partido que había dos maneras de resolver el problema político de Puerto Rico; que una era la Independencia y otra, la Estadidad, pero que los votos que se dieran al Partido en esas elecciones no se contarían ni para la Independencia ni para la Estadidad, ya que oportunamente se celebrarían unas elecciones especiales para que el pueblo decidiera libremente con sus votos si quería la Independencia o la Estadidad.

Palabras de Muñoz

En 1942 nuestro líder don Luis Muñoz Marín dijo lo siguiente: "El sistema colonial y el crecimiento democrático del pueblo de Puerto Rico son incompatibles entre sí. Cada día puede observarse con mayor claridad que ambas cosas no pueden seguir juntas. Y como lo que se va a detener no es el crecimiento democrático, es inevitable a breve plazo la desaparición del actual sistema de gobierno. El pueblo de Puerto Rico es como un joven que está creciendo y al que, sin embargo, no le cambian el flus que le pusieron hace muchos años. Es natural que al crecer vaya reventando las costuras del flus. El flus tiene que acabar por caérsele de encima." Y don Luis agregó esto: "Yo creo que si no se resolviera antes, la liquidación del actual sistema de gobierno en Puerto Rico, no podría posponerse mucho más allá del día en que la bandera de las Naciones Unidas flote sobre los escombros del totalitarismo." Eso dijo don Luis Muñoz Marín en unas declaraciones publicadas en el periódico La Correspondencia de Puerto Rico el 1 de mayo de 1942.

Al año siguiente —en la sesión legislativa ordinaria de 1943— con los votos de todos los partidos políticos representados en las Cámaras, se aprobó una resolución concurrente, inspirada por Muñoz Marín, "para plantearle al Presidente y al Congreso de Estados Unidos el derecho del pueblo de Puerto Rico a terminar el sistema colonial de gobierno," y a decidir democráticamente el status político definitivo, inmediatamente si fuera posible, pero nunca más tarde de la terminación de la guerra que entonces se libraba contra los poderes totalitarios.

En las elecciones de 1944 los Populares dimos nuestros votos a un programa preparado por don Luis Muñoz Marín, con la cooperación de unos cuantos de los hombres que le ayudamos a orientar este movimiento, que obligaba al partido a someter a la decisión del pueblo en un plebiscito entre la Independencia y la Estadidad tan pronto terminaran las hostilidades y se originara la paz.

El 20 de febrero de 1945 Muñoz Marín presentó en el Senado, bajo su firma, un proyecto de resolución concurrente, diciendo que "el pueblo de Puerto Rico se manifiesta contrario a todo sistema de gobierno en el cual la soberanía sobre sus propias vidas no se derive democráticamente de los gobernados y, por tanto, desea la pronta terminación del régimen colonial en Puerto Rico". En esa resolución, que las Cámaras aprobaron por unanimidad, se solicitó del Congreso de Estados Unidos "la aprobación de una ley instrumentando las alternativas sobre status político definitivo para Puerto Rico que dicho Congreso esté dispuesto a implantar al tener cualquiera de ellas la aprobación del pueblo de Puerto Rico." Tanto en la Cámara como en el Senado de Estados Unidos se presentaron proyectos de ley instrumentando esta resolución, pero no se tomó acción final.

No hay cambio

Se fijarán ustedes en que todos estos documentos relacionados con el problema político, escritos o inspirados por don Luis Muñoz Marín, se habla con toda claridad que en Puerto Rico existe un sistema colonial de gobierno, que nuestro pueblo repudia ese sistema y desea que termine a la brevedad posible. Ese es el mismo sistema que tenemos hoy. En eso no ha habido cambio. El derecho a elegir nuestro gobernador no cambia en nada el sistema colonial existente en Puerto Rico, porque, como bien dijo nuestro líder máximo Muñoz Marín, "la soberanía sobre nuestras vidas" no deriva "democráticamente de los gobernados," sino del Congreso de Estados Unidos.

En las elecciones de 1948 los Populares dimos nuestros votos a un programa político que ordena hacer dos cosas: primero, como medida provisional, gestionar autorización del Congreso para que nuestro pueblo haga una Constitución de acuerdo con la estructura que juzgue más en consonancia con la administración democrática de los intereses públicos, preservando las buenas relaciones económicas y fiscales existentes entre Puerto Rico y Estados Unidos, y segundo, como medida definitiva, gestionar autorización del Congreso para que la Asamblea Legislativa de Puerto Rico celebre un plebiscito, cuando concurran las condiciones necesarias, para que el pueblo decida con sus votos el status político definitivo entre la Independencia y la Estadidad. Este es el programa que aprobamos los Populares con nuestros votos en las elecciones de 1948. Y éste es el programa que está moralmente obligado a cumplir y hacer cumplir don Luis Muñoz Marín, como jefe de nuestro Partido.

Hasta ahora Muñoz Marín había cumplido las promesas que hacía al pueblo. Hasta ahora venía diciendo al pueblo la verdad. Hasta ahora acataba sustancialmente el mandato del pueblo. Pero Muñoz Marín está cambiando. Y está cambiando mucho, y en forma muy peligrosa, en cosas y decisiones que son importantes para el pueblo. Yo no sé a qué se debe ese cambio de Muñoz Marín. Tal vez sea que ya se está cansando de la lucha política, o que se está poniendo viejo, o cree que al pueblo se puede engañar ahora, o que él puede hacer lo que le venga en ganas a espaldas del pueblo. Ya averiguaremos qué es lo que pasa y ya determinaremos lo que debe hacerse para proteger los intereses del pueblo contra cualquier ofuscación, desvío, engaño o flaqueza de don Luis.

A Muñoz Marín nosotros lo queremos mucho. Ha sido un gran líder de nuestro pueblo. Ha hecho mucho por mejorar las condiciones de vida y de trabajo en Puerto Rico. Por eso le estamos agradecidos. Por eso hemos luchado a su lado. Por eso le hemos dado nuestros votos en 1940 y 1944 y 1948. Yo, que trabajé tantos años a su lado, colaborando modestamente en esa gran obra, soy el primero en reconocer lo mucho que él vale. Conmigo fue injusto, pero eso no tiene gran importancia. Un gobernador puede equivocarse en las relaciones personales con sus colaboradores y prescindir de sus servicios en cualquier momento. La injusticia contra una persona, por grave e injustificada que sea, no tiene gran importancia. Lo que sí preocupa es la injusticia contra todo un pueblo. Lo que sí tiene gran importancia es que el gobernante engañe al pueblo, obligándolo a hacer cosas contrarias a su derecho, a su dignidad o a su porvenir. Y tiene gran importancia, porque en ese caso el gobernante estaría traicionando la causa que el pueblo puso en sus manos, estaría violando el mandato recibido del pueblo.

Alertas y vigilantes

En 1940 Muñoz Marín nos recomendó que siempre estuviéramos alertas y vigilantes a lo que hiciera el Partido, porque, como entonces nos dijo, los partidos políticos pueden ser buenos al principio y después de estar en el poder algunos años, pueden olvidarse de los compromisos que hicieron con el pueblo, y entonces hay que votarles en contra y derrotarlos. Muñoz Marín también nos dijo que apuntáramos en una tablita las cosas malas que él hiciera y las cosas malas que hiciera el Partido Popular Democrático.

Pues bien, creo que ha llegado la hora de empezar a escribir cosas en la tablita: cosas graves, importantes, de gran alcance. Son muchas las cosas ocurridas últimamente que están llevando serio descontento a los Populares de campos y pueblos a través de la Isla, a los populares de las clases trabajadoras, de la clase media, del comercio, de la industria, de los negocios, etcétera. Pero hoy nos vamos a referir exclusivamente a una cosa grave y comprometedora que está haciendo don Luis con el programa político de nuestro partido. Ese programa, que recibió nuestros votos en las elecciones de 1948, ordena que se gestionen dos cosas: como medida provisional, una Constitución democrática, y como medida definitiva, un plebiscito o votación para que el pueblo escoja entre la Independencia o la Estadidad. La ley que Muñoz Marín y Fernós Isern llevaron al Congreso y que éste aprobó, creyendo de buena fe que responde a los deseos de nuestro pueblo, constituye un engaño para el Congreso y un engaño para el pueblo. Hay, por tanto, un doble engaño en esta ley. El Congreso debe saberlo. Y el pueblo de Puerto Rico también debe saberlo, para que no se burle su buena fe ni se le lleve a actuar contra sus ideales de dignidad, de libertad y de justicia.

Por eso estoy escribiendo esta carta, desde Nueva York, para ponerlos en guardia contra una maniobra increíble en hombres que han sido honrados en sus ideas políticas y que se han ganado nuestra confianza. Pero tenía mucha razón don Luis cuando nos advertía hace unos años que no se puede tener confianza ciega en nadie. Hay que estar siempre alerta, porque el engaño, o la ofuscación, o el error, pueden surgir en cualquier momento, y puede producirse hasta en el líder máximo del partido. Al pueblo corresponde vigilar a sus líderes a tiempo y negarles los votos, si se desvían o se confunden, o violan el mandato.

Don Luis está cambiando

Hasta ahora Muñoz Marín no había engañado al pueblo. En cosas importantes, hasta ahora no le había dicho ningún embuste. Pero don Luis está cambiando las normas de su conducta. Duele decirlo, pero el hecho evidente es que ha empezado a engañar al pueblo, ha empezado a decirle embustes. A propósito de la llamada Ley de Constitución y Convenio, está diciendo al pueblo tantos embustes como, según él, decía la Coalición en 1940. En verdad, el embuste está josco en la propaganda que está haciendo don Luis en favor de dicha ley.



Les está diciendo que esa ley responde al programa político que aprobamos con nuestros votos en las elecciones de 1948. Y eso es un embuste, porque el programa habla de una constitución democrática, mientras que la Ley 600 sólo autoriza una constitución colonial dentro de las mismas férreas líneas de la Carta Orgánica vigente.

Les está diciendo que con esta ley damos un gran paso de avance y que hemos creado una forma de "estado especial". Y ese es otro embuste, porque don Luis conoce la carta del Secretario de lo Interior, Osear L. Chapman, la carta del Subsecretario de Estado, Jack K. McFall, y los informes de los comités de la Cámara y el Senado de Estados Unidos que estudiaron esta legislación, y sabe que en todos estos documentos oficiales se hace la rotunda afirmación de que la Ley 600 no altera en lo más mínimo las relaciones políticas, económicas y sociales existentes entre Puerto Rico y Estados Unidos. Y esas relaciones son las que Muñoz Marín llamó con toda propiedad, en 1940, 1942, 1943, 1945 y 1948, sistema colonial de gobierno. Y eso de que "damos un gran paso de avance" es otro embuste, porque el propio don Luis dijo ante el Comité del Congreso que "en la práctica la cantidad de gobierno propio no será muy diferente."

Muñoz Marín les está diciendo que si se aprueba la Ley 600, eso tendrá el alcance de un convenio entre Puerto Rico y Estados Unidos y entonces el Congreso no podrá cambiar las buenas relaciones económicas que existen ahora sin el consentimiento de Puerto Rico. Ese es otro embuste, porque no hay ni puede haber tal convenio mientras Puerto Rico esté sujeto a la soberanía de Estados Unidos. Don Luis sabe que el Congreso podrá legislar como guste sobre esas relaciones. Y no sólo sabe, sino que él mismo se lo recordó a los congresistas en Washington, cuando prestó testimonio ante el Comité de la Cámara, con estas palabras categóricas: "El Congreso podrá legislar mañana exactamente en la misma forma que lo puede hacer hoy." Sus palabras textuales en inglés fueron las siguientes: "They can legislate tomorrow in just the same way they would today."

Muñoz Marín está diciendo que la Ley 600 interpreta el pensamiento político de ustedes. Y eso es otro embuste, porque esta ley no hace otra cosa que prolongar el sistema colonial, como lo estuvo don Luis diciendo durante toda su vida hasta la presentación de esta ley.

Algo más grave

Pero hay algo más grave que los embustes. Son muchas las cosas importantes que don Luis les ha ocultado a ustedes. Por ejemplo, les ha ocultado el hecho de que si ustedes votan en favor de la Ley 600 el 4 de junio próximo estarán votando por dos cosas: primero, votando porque se nos permita hacer una constitución de embuste, con los derechos menguados y la misma estructura de gobierno que ahora tenemos y, segundo, votando por que continúe el sistema colonial de gobierno. Y ustedes están en contra del sistema colonial, como lo estuvo don Luis hasta hace poco.

También se les ha ocultado que bajo la Ley 600 subsistirán todas las relaciones económicas que son perjudiciales a la vida puertorriqueña. Seguiremos con una cuota azucarera restringida, que nos impedirá cosechar toda la caña que Puerto Rico es capaz de producir. Seguiremos restringidos a una cuota para la refinación de azúcar, que nos impedirá refinar en Puerto Rico todo el azúcar que producimos, y al impedirnos eso, nos priva de dar oportunidad de trabajo a miles de obreros puertorriqueños que ahora están desempleados. Pero esa es la colonia. Los refinadores de Estados Unidos quieren dar las oportunidades de trabajo a los obreros americanos. Por eso se llevan el azúcar crudo para refinarlo en Estados Unidos, aunque se fastidien y mueran de hambre los obreros de Puerto Rico.

El Congreso y el Presidente de Estados Unidos nos quieren ayudar. Están en la mejor disposición. Muñoz Marín y Fernós Isern pudieron conseguir del Congreso una ley buena, una ley decente, una ley inspirada en los principios democráticos de gobierno, una ley que nos permitiera hacer una constitución genuina, verdadera, democrática, como dice el programa del Partido. Pero, sin consultar a nadie, ni al Departamento de Justicia, ni a los que saben de estas cosas, resolvieron, por su cuenta y a espaldas del pueblo, pedir ese trapo de ley que de nada sirve, que es un engaño al pueblo y que nos dejará tan colonia como antes.

¿Qué hacer, entonces?

Muñoz Marín en 1942 dijo que "el pueblo de Puerto Rico es como un joven que está creciendo y al que, sin embargo, no le cambian el flus que le pusieron hace muchos años." Al flus, amigos populares, se le siguen reventando las costuras. Puerto Rico sigue creciendo en conciencia democrática. Todos nos damos cuenta de que el don Luis de ahora no es el don Luis de 1940, ni el de 1944, ni el de 1948. O se ha cambiado o nos lo han cambiado. O se ha puesto viejo o ha perdido el vigor para luchar. Nos está engañando. Nos está diciendo embustes. Pretende que le demos los votos para afianzar el sistema colonial, que todos repudiamos en lo hondo de nuestras conciencias. No nos dejemos confundir: la llamada Constitución es un engaño, no tendremos constitución genuina, verdadera, porque el Congreso no nos ha cedido ni reconocido principio alguno de soberanía, ni un retazo de soberanía siquiera. Seguiremos tan colonia como antes.

Y se preguntarán ustedes: ¿Qué hacer ante estos embustes? ¿Qué hacer ante esta engañosa Ley de Constitución y Convenio, que no nos traerá una constitución verdadera ni un convenio legítimo? Muñoz Marín dijo que no nos dejáramos engañar ni confundir. Pues vamos a aplicarle a él mismo el consejo que nos dio. El mismo don Luis nos dio el remedio para situaciones como éstas en que se engañe, o se burle, o se traicione el mandato del pueblo: ¡Votarle en contra! ¡Votarle en contra a la llamada ley de constitución y convenio!

Claro es que nos dará mucha pena tener que votarle en contra, porque queremos mucho a Muñoz Marín. ¡Pero queremos mucho más el derecho y la libertad de Puerto Rico!

Les saluda muy cordialmente, desde Nueva York,

Vicente Géigel Polanco

¿QUIEN ES VICENTE GEIGEL POLANCO?

Vicente Géigel Polanco, abogado, escritor, político nació el 18 de junio de 1904 en Isabela. Fundador y Secretario de la Academia Puertorriqueña de la Historia en el 1934. Presidió el Ateneo Puertorriqueño durante los años 1939 al 1940. También, fue presidente de la Sociedad de Autores Puertorriqueños. Durante los años 1941 al 1948 fue senador por acumulación por el Partido Popular Democrático. Fue Procurador General de Puerto Rico. En 1951 abandonó el Partido Popular Democrático para militar en el Partido Independentista Puertorriqueño. Colaboró en varios periódicos y revistas. Fue uno de los fundadores del movimiento de renovación literaria El Noísmo, cuyo propósito era renovar el pensar literario al igual que los valores del Puerto Rico de la década de los 20. Participó en la fundación de la revista Indice, junto a Antonio S. Pedreira. Murió el 30 de abril de 1979, en San Juan.


Mas: http://academic.uprm.edu/mcancel/carta_abierta_a_los_populares.htm